Ézaro Ediciones
Toros.com 1 de Mayo de 2005
Nuevo libro taurino: «Rafael de Paula, dicen de ti»
  Francisco Reyero, delegado de LA RAZÓN en Andalucía, publica «Rafael de Paula, dicen de ti», que mañana llega a las librerías.

Reproducimos un extracto del libro que Francisco Reyero, delegado de LA RAZÓN en Andalucía, ha escrito sobre Rafael de Paula. Pertenece a la introducción, titulada «Por empezar: la "P" con la "a” "Pa" (De Paula)» «Rafael de Paula, dicen de ti» (Ézaro Ediciones, mayo 2005). A lo largo de trescientas páginas, Francisco Reyero ofrece un visión poética y documentada de una figura irrepetible y enigmática. Un texto de extraordinaria fluidez, conseguida gracias a un intenso trabajo de investigación periodística. En él resaltan las fuentes orales. De hecho, para poder concluirlo, el periodista vivió con el núcleo del entorno familiar y profesional del gitano de Jerez de la Frontera (Cádiz) al que todos conocen por Rafael de Paula.

«En el toreo se puede aprender todo menos el estilo porque eso es un don que cada uno trae al mundo y el que no lo trae no será nunca un torero de verdad» (Joselito) «Rafael Soto Moreno es una voz auténtica, la del viejo mundo, que se apaga. Plantándole cara a la pobreza dijo "o torero o nada". Fue, es, será torero. La más insólita, errática, singular y auténtica figura del toreo. Un arte como otro cualquiera.

Tal vez, Rafael de Paula debería enseñarse en las facultades de filosofía. Habría que instaurar una cátedra sobre el misterio de su magisterio taurino. La magnitud de su personalidad no está en las escalas de pesos y medidas.
(...) Es una leyenda al alcance de la mano que se chupa los dedos después de comer acedías fritas y huye de los que no miran a los ojos. "Somos muy poco de verdad. Prefiero caras de palo si llevan escrita la verdad", me dijo una vez que nos vimos. Al final de sus días, cuando Rafael "El Gallo" paraba en el bar Los Corales de la calle Sierpes para ver a Juan Belmonte decía "amigos con los que se pueda hablar hay muchos, pero con los que se pueda estar callado, muy pocos. Éste, por ejemplo". Paula también está hecho de silencios. Se le escapan los ojos hacia el cielo, todo se detiene por un momento y cuando baja trae una sentencia de aires poéticos o directamente abre la caja de los truenos.

"Sin ser contradicción es lo contrario a todo", dejó escrito para los restos su jurispoeta y amigo Benito Pérez Rodríguez, que como no le gustaban los toreros corrientes ni los apellidos comunes se puso Benito Pérez Barbadillo. (...) Rizando el rizo de su paradoja, el gitano del barrio de Santiago alimenta el ego con altas dosis de autocrítica sin ambages, "se me ha ido el dinero. Para eso soy un desastre", y luego esboza una sonrisa californiana de orgulloso perdedor.

(...) Menosprecia la sofisticación y repudia el artificio venga de donde venga. "A Alberti le gustaba escucharse. Él hablaba y hablaba. Pontificando. Con esos aires de patricio romano que le gustaba darse. Aleteaba las manos y parecía que estaba diciendo algo muy importante. Luego venía Pepe Bergamín, con sus discursos cargados de inteligente sencillez y se tenía que callar. Si es que no hay más, joé". (...) "Hay que buscar toreros que tengan percha literaria", le dijo Bergamín al que entonces era su apoderado, Manuel Cano, cuando éste le preguntó "¿por qué se interesa usted tanto por este matador, don José?". Él es un personaje literario y aluego, taurino. Pero primero literario. De hecho, su vida es el eje transversal de una novela: el día que se aficionó a los toros no tenía dinero y acabó por colarse en la plaza de Jerez de la Frontera para ver a los que el destino hubiera puesto en el cartel. Eran Jaime Ostos, Joselito Huerta y Gregorio Sánchez. Cuando volvió a su casa sabía que él valía para esto. Con quince años y el futuro abierto, hijo de un cochero de arte con cinco hijos y millonario en necesidades, no fue maletilla ni anduvo por los caminos.

Tenía, sigue teniendo, un don, "yo soy muy creyente y cuando toreo bien tengo un a sensación como si Dios me cogiera por los hombros y fuera Él quien torease por mí. En Vista Alegre (una de las faenas de su vida) sentí en tres o cuatro momentos esa sensación. Notas como si te tiran desde arriba y te levantan los pies del suelo. Eso es lo que yo siento cuando me pongo a son. Siento que me izan por los hombros y ya, sin controlar mis propios movimientos, toreo como si unos hilos invisibles me llevaran de la mano. En ese momento ya no soy yo, será mi espíritu, o ¡yo qué se!, ¡el duende que torea!".

(...) Hoy, después de tanto tiempo, De Paula es la prueba palpable de su propio milagro. Esclavo de su carácter ciclotímico, mártir de sus rodillas, en los noventa apenas llegó a torear treinta corridas y, sin embargo, desde que pisó los ruedos, hace más de cuatro décadas, su leyenda no ha dejado de crecer. Es, según una corriente paulista e intelectualizada, "un ente de ficción". De otra manera es imposible justificar que su estampa se haya perpetuado en la memoria colectiva, con sus escogidas presencias entre el año 1957 y 2000, cuando se arrancó, con desesperada rabia, la coleta.

(...) Cree que toda lógica del mundo cabe en la mirada de un toro. Ya lo dijo Manuel Mejías, El Papa Negro, "si el torero no pierde nunca los ojos del toro, no puede ocurrir nada. Los toros, como las personas, dicen con la mirada lo que van a hacer. Siempre". (...) Los que están –o han estado– cerca de él corroboran y dan lustre a su leyenda misteriosa. Rayito de Luna, su banderillero fugaz, su cuñado efímero (apenas toreó con él y murió muy joven por el bacilo de Koch), decía "éste se va a ir a la tierra y nadie se habrá enterado de quién era". Paco Dorado, su último apoderado oficial, mantiene que "a Paula no lo conoce ni Dios". En esta línea de opiniones, Curro Romero cree que "muchas veces la mejor manera de estar es estar solo, que es con quien realmente se está a gusto. A mí también me gusta y lo necesito".

Romero encabeza la avanzadilla de toreros admiradores de Rafael de Paula. "Ha sido –afirma emocionado– mi mejor compañero en todos estos años. Hemos estado bien, muy bien y mal y luego hemos tenido esos días de ‘tierra trágame’, porque aquí las pocas cosas que son verdad es que todas las veces no se puede estar como uno quiere".

(...) Toda su esencia gira sobre la dualidad. Por ejemplo, los andares majestuosos están sostenidos sobre dos traicioneras piernas con huesos de palillos de dientes. Umbral dijo que la elegancia era un cuestión de esqueleto. Rafael es un elegante osario.

(...) Domingo Ortega (ante quien Rafael se descubre por muchas cosas y por aquella definición suya, "el toreo está en la palma de la mano") sorprendió a todos cuando dijo "quizá en los toros debería haber un árbitro, como en el boxeo". Tal vez hubiera sido oportuno poner un árbitro cuando toreaba De Paula, en la vida y en la plaza.

(...) Gitano de dones y estirpe, raza de familia cabal, Rafael Soto Moreno ejerce sobre los que le conocen la fascinación de los personajes irrepetibles. Incomprendido para la mayoría, su camino fuera de la plaza, lejos de los toros, concluye en su retiro de Sanlúcar de Barrameda. Mirando al mar andaluz se ha acabado por aclimatar a la soledad. Debió ser que la vida era esto.
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